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TERESA SALGUEIRO canta BRASIL
15 de Junio de 2007
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Está feliz, inmensamente feliz con Você e eu. Se lo preguntaban en muchas entrevistas. Cada vez más a menudo: ¿para cuando un disco de Teresa Salgueiro? Ya había uno con su nombre en la portada, pero no podía considerarse realmente un disco suyo: Obrigado recogía dúos grabados, entre 1990 y 2005, con artistas como José Carreras, Caetano Veloso o Angelo Branduardi.

Ahora sí. La voz mágica de Madredeus ha grabado su primer disco. Y Teresa canta Brasil. Un proyecto con el visto bueno de Pedro Ayres Magalhães, líder del original grupo lisboeta, y alentado por Roberto Bruzadin, productor de la espectacular Banda Mantiqueira, que le lanzó el desafío a Teresa tras haberla oido cantar algunas canciones brasileñas entre amigos.

En este año sabático de Madredeus, la que es su icono desde la primavera de 1987 ha decidido probarse en otros registros y descubrir texturas distintas para su voz. Desde pequeña le ha gustado oir el sonido de la lengua portuguesa en el caudal inagotable de la música brasileña. Você e eu reúne unas cuantas de esas canciones de melodías y armonías refinadas, y con palabras que a Teresa Salgueiro le encantan tanto por el poder de sus imágenes como por la forma de evocar, con una sencillez próxima al lenguaje popular, la poesía de la saudade y el amor.

Chovendo na roseira, que inicia su viaje brasileño, es una obra de Antonio Carlos Jobim que llegó a grabar Sarah Vaughan y en la que Elis Regina dejó su impronta en 1974. Aquí cuenta con acompañamiento en clave de jazz del septeto de João Cristal y el siempre asombroso clarinete de Proveta. El sonido del berimbau anuncia Na baixa do Sapateiro, nombre de una céntrica calle de Salvador de Bahía y título que Ary Barroso le puso a un samba que Walt Disney y Hollywood rebautizaron en 1944 como Bahia. Teresa la canta con el mismo gracejo que le pone a Marambaia, de Henricão y Rubens Campos (“Tengo una casita allá en Marambaia...”), popularizada por Elis, y que ella encara, en el tono y la intención, como si fuera Carmen Miranda. De Ary Barroso son el samba-canción Risque (“Borra mi nombre de tu cuaderno...”), en un melancólico dúo de voz y piano, y el samba Pra machucar meu coração, ligado a la memoria de la bossa nova porque lo grabó João Gilberto.

Otro de los grandes compositores de la historia de Brasil, el patriarca Dorival Caymmi, que cumple 93 años en abril, está presente con un popurrí de Samba da minha terra –la primera grabación data de 1940- y Saudade da Bahia –de 1947, pero que no grabó hasta diez años más tarde, por considerarlo demasiado melancólico-, y también con Maracangalha, samba de 1956, que citó en un poema Drummond de Andrade.

Del genial Pixinguinha –un historiador afirmó que quince volúmenes eran pocos para hablar de toda la música brasileña, pero que si sólo se disponía de una palabra había que escribir Pixinguinha- el choro Lamento, esencia de una música nacida en Río de Janeiro a finales del siglo 19, con el clarinete del gigantesco Proveta llevando de la mano al baile a una Teresa Salgueiro que canta como si hubiera estado entonces allí.

Se muestra cómoda en el cancionero jobiniano más camerístico: Inútil paisagem –letra de Aloysio de Oliveira-, arropada por el piano y los dibujos líricos de un violonchelo, instrumentos que le permiten afrontar la desolada Modinha –de Vinicius de Moraes-; Estrada do sol, que el maestro compuso con Dolores Duran, sobre un acompañamiento jazzístico guiado por el pianista y arreglista João Cristal, al que se oye improvisar sobre Triste; Insensatez –siempre Vinicius-, la preferida por muchos grandes del jazz; Só tinha de ser com você –de nuevo Aloysio de Oliveira-, Meditação –escrita con Newton Mendonça- cuya letra (“o amor, o sorriso e a flor”) es el arquetipo del espíritu de la bossa nova y el himno –letra de Vinicius- Se todos fossem iguais a você.

Uno de los mayores aciertos del disco: la recuperada Valsa de uma cidade, hermosa crónica de amor a Río de Janeiro que Ismael Neto y Antônio María –curiosamente ninguno de ellos había nacido en Río- escribieron a ritmo de vals en 1954. Con una deliciosa introducción al estilo de los antiguos grupos vocales de la música popular de Brasil. Valsinha es el enternecedor vals de dos poetas como Vinicius de Moraes y Chico Buarque, que repite con su marchinha A banda, primer gran éxito de su autor hace más de cuarenta años.

A felicidade podría haberse convertido en el título del disco, el que mejor expresa el estado de ánimo de Teresa Salgueiro. Llega con una introducción que despista hasta que aparecen la melodía y la letra creadas por Jobim y Vinicius para Orfeu Negro –aquella ingenua película del francés Marcel Camus, ambientada en el carnaval carioca e inspirada en el mito de Orfeo y Eurídice, que ganó en 1959 la Palma de Oro de Cannes y luego el Oscar a la mejor película extranjera-. De su banda sonora Teresa canta Samba de Orfeu, de Luiz Bonfá y Antônio María.

Aunque la que da título al disco, con el sorprendente repique de la caja que anuncia una marcha, es Você e eu, de Carlos Lyra y Vinicius de Moraes, una canción muy especial ya que fue la primera brasileña que Teresa interpretó sobre un escenario durante una gira de Madredeus. Era junio de 1994, y el lugar el teatro Municipal de São Paulo.

Teresa Salgueiro aparca su pronunciación portuguesa. Dice que Você e eu habla de la relación entre dos culturas y simboliza el encuentro de una cantante de Portugal con la música y los músicos de Brasil. Presentó estas canciones en público en enero en São Paulo. Y quienes asistieron a su temporada de conciertos en un pequeño club de jazz de la megalópolis brasileña salieron encantados. Rendidos ante su espontaneidad y cordialidad.

Que es una cantante única ya se sabía. Ahí quedan los elogios que le dedicó Carreras cuando cantó con ella. Ahora le toca el aprendizaje de estar con otros músicos, de afrontar canciones que ya otros cantaron antes: en Madredeus su voz inconfundible era la vara de medir. Podía pensarse que le iba a pesar la responsabilidad. Ni hablar. Se siente libre. Muy libre. Y parece que la vida le sonríe.

A Teresa siempre le gustó cantar. Desde niña. Cuando tenía 16 años o 17 años salía con sus amigas por el Barrio Alto de Lisboa y lo hacía a capella en un bar. Allí la descubrieron Pedro Ayres Magalhães y Rodrigo Leão que andaban en busca de una voz femenina para un grupo que bautizaron con el nombre de Madredeus. El resto es historia. Aunque no todos conocen que la escogieron a ella, y no a otra, por la alegría con la que cantaba. Como una niña que canta y es feliz. Ahora más que nunca.

CARLOS GALILEA

Página oficial: www.teresasalgueiro.pt/

Biografía: Hoy en día, no hace falta decir que Teresa sigue...

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